A través de mi ventana
Cuando el sol de la tarde se escondía
He advertido que la vida se me escapa
Y de ella, apenas quedan trazos que me duelen en la yema de los dedos. ..
y que se quedan, grises, en el alma.
La memoria, ese libro que nos habla, marca algunos mitos, casi nada.
Entregué cada fibra, cada gota de sangre, cada latido.
Y en cada suspiro, el hueco se agranda con ausencias. Definitivas, absolutas Tengo poco más para seguir.
La excusa es que la vida continúa. Lo que decimos siempre. (Vana frase), Que no expresa nada más que el conformismo inútil, suspirado.
Sólo quienes saben de manos vacías, entienden de que hablo.
Y saben, con certeza, que las tardes se agostan en desiertos calcinados, solitarios.